El ejercicio del espejo

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Realmente importante es la forma en que te miras al espejo porque no te juzga, mide o valora. En él solo vas a ver lo que tú quieras. Tu interpretación de lo que ves define tu realidad. Esto te ayudará sobre todo en momentos de cambio.

 

Repite afirmaciones que te creas. De no ser así, corres el riesgo de autosabotearte pensando “¿hasta cuándo lo lograré? Parece imposible”. El espejo no da respuestas por mismo, pero si creas un diálogo interior con frases o decretos que sí creemos posibles y que funcionan, como las siguientes:

 

Anota en una lista todos aquellos puntos con los que te sientas satisfecho o que sean de tu agrado (habilidades: soy valiente, persistente, agradecimientos: por mi salario, por mi familia, etc.)  Por más pequeñas que sean estas semillas, pueden dejar crecer un árbol muy frondoso. No las menosprecies porque son tu vida en este instante y el combustible para llegar a donde quieres.

 

Párate frente al espejo y mírate a los ojos, porque son reflejo de tu alma. Centra tu atención en ellos y pon atención a lo que sientes y piensas de ti mismo. Háblate con amor y respeto. Después verbaliza todo lo que anotaste en tu lista, con el máximo sentimiento de que seas capaz, porque la energía que le dediques será determinante para conectarte con lo que quieres. Hacerlo por rutina no funciona; ¡el agradecimiento trae más de lo mismo!

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